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Culturas Políticas: Hobbes, el COVID y el Estado

25 Abr 2021

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Thomas Hobbes nació en 1588 y publicó El Leviatán, su obra más conocida, en 1651. Casi quinientos años más tarde, su legado sigue tan vigente como el primer día. Comúnmente asociada al aforismo “el hombre es un lobo para el hombre”, la teoría política desarrollada por el inglés sigue planeando sobre la cultura popular: obras tan conocidas como The Walking Dead (en realidad, en todo el subgénero zombi y las distopías apocalípticas) o en la aún más célebre y celebrada Juego de Tronos, especulan acerca de la naturaleza humana y la naturaleza de la autoridad política en términos claramente hobbesianos. Más aún, su legado ha cobrado una vigencia aún más urgente, además de relevante, en la experiencia vivida de la mano de la pandemia que azota el mundo desde diciembre de 2019.

Hobbes escribió su obra en el contexto de las guerras civiles que azotaron las islas británicas entre 1652 – 1651 y que terminarían culminando en la dictadura de Oliver Cromwell.  Esto explica, al menos en parte, que su obra defienda la imperiosa necesidad de estados fuertes, en última instancia autoritarios, como único mecanismo útil para contener las pasiones humanas y garantizar la paz social. Según Hobbes, la vida sin ese estado autoritario es, en otro célebre aforismo, “corta, desagradable y embrutecedora”.

Cuando el poder coactivo del Estado desaparece – ya sea por la llegada de una espora interestelar que provoca una invasión zombi o por el asesinato del Rey – es sustituido por la violencia y el caos.

Se desprenden de lo de arriba dos máximas fundamentales que que revelan la naturaleza real de los estados actuales.  En primer lugar, y contrariamente a lo que es habitual reproducir, Hobbes jamás sostuvo que la agresividad fuera la principal motivación del comportanimento humano. Ese lugar, opinaba el inglés, lo ocupa en realidad el miedo. Hobbes sostenía que él mismo había nacido con el miedo, ya que su madre dio a luz en un ataque de pánico inducido por la llegada a costas inglesas de la Armada Invencible. Hombre timorato y enfermizo, el miedo acompañó a Hobbes toda su vida y el miedo, a otros seres humanos y a las amenazas naturales, incluida la enfermedad, está en la raíz de la violencia que impera en ausencia del poder del Estado.

No parece que las cosas hayan cambiado mucho. Los españoles aceptaron el cerrojazo a su libertad por miedo a una muerte desagradable, solitaria y repentina. El miedo a esa misma autoridad del Estado también ha sido el principal motor de las protestas contra esas mismas medidas. El miedo al poder – del Estado o de las grandes compañías farmacéuticas – y el miedo a la pobreza, han motivado las resistencias frente a las restricciones y el circo de rumores, bulos y teorías conspiratorias acerca de las vacunas y sobre la “plandemia”.

 


El principal objetivo de los estados, en realidad, ha sido protegerse a sí mismos. Proteger a los sistemas de salud y a los mecanismos de mantenimiento del orden público a fin de garantizar su propia seguridad.


 

Al mismo tiempo la COVID también revelado que la mayor parte de la ciudadanía también está dispuesta a sacrificar su libertad a cambio de seguridad. A elegir entre la expectativa de una vida corta, desagradable y embrutecedora que prometía el virus; y una alternativa más larga, más agradable y menos embrutecida pero a expensas de sacrificar las libertades elementales, los europeos se han entregado a la segunda y han optado por aceptar el confinamiento domiciliario indefinido, el control de las reuniones familiares y la regulación de las horas de uso del espacio público.

Hobbes enfatizó la naturaleza, paradójicamente frágil a la vez que brutal, del Estado y, por tanto, la necesidad imperiosa de ese mismo Estado de protegerse a sí mismo. Algo de razón tienen los partidarios de la conspiración cuando sospechan que la panoplia de restricciones impuestas durante el último año no está solo, ni principalmente, dirigida a proteger a la ciudadanía. El principal objetivo de los estados, en realidad, ha sido protegerse a sí mismos. Proteger a los sistemas de salud y a los mecanismos de mantenimiento del orden público a fin de garantizar su propia seguridad. En marzo del año pasado, los estados europeos encerraron a sus ciudadanos porque se enfrentaban a una amenaza existencial y lo sabían. Y por eso el Estado británico protegió la integridad del sistema nacional de salud a expensas de dejar morir a enfermos en sus casas y por eso el Estado español abandonó las residencias de ancianos.

En el esquema hobbesiano, el bienestar de la ciudadanía es parte de una ecuación de utilitarismo circular: es un valor en la medida en que garantizar el mantenimiento del orden establecido (el Estado mismo) que, a su vez, es necesario para preservar el bienestar de la ciudadanía. Y no parece que los estados actuales hayan sabido o podido salir de esa ecuación.

Sin embargo, más allá de algunos politólogos, desde el final de la Segunda Guerra Mundial y hasta el advenimiento de la COVID las sociedades europeas han vivido extrañamente ajenas a estas ideas – siginificativamente, los productos culturales citados, por ejemplo, se han originado en Estados Unidos. Europa Occidental ha vivido un último medio siglo de complacencia en paz, expansión de los derechos democráticos y confort económico. En ese marco, el Estado se ha presentado a sí mismo como el benévolo proveedor de servicios más o menos universales como sanidad, educación y pensiones.

La clase política y la opinión pública en España (en realidad en toda Europa) había enterrado la óptica de Hobbes porque es desagradable y porque se ha instalado, además, la asunción de que también es arcaica para sociedades avanzadas, acomodadas y bien educadas. Y cuando han surgido, tercamente, síntomas de su relevancia, se han despachado como anomalías puntuales y aberrantes en lugar de cómo constantes de una realidad que no ha variado mucho desde la época de Hobbes.

Escucha aquí el podcast completo:

Hobbes, la pandemia y el Estado

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Frontera Ediciones

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Un presente a veces ilegible, en ocasiones confuso y casi siempre, intrincado, que exige cada vez más, ser descifrado para poder comprenderlo. Frontera Ediciones quiere ser una palanca para desmadejarlo, haciendo de la lectura una redescubrimiento del tiempo en el que vivimos.

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